Comprar oro sí, pero con cabeza: la fiscalidad marca la diferencia
2 de febrero de 2026
Comprar oro sí, pero con cabeza: la fiscalidad marca la diferencia
El oro vuelve a brillar en los momentos de incertidumbre. Cada vez más personas se plantean invertir en lingotes, monedas o joyas como refugio frente a la volatilidad de los mercados. Sin embargo, lo que muchos inversores desconocen es que no todo el oro tributa igual, y que una mala elección puede reducir de forma notable la rentabilidad de la operación.
La clave está en un concepto aparentemente técnico, pero decisivo en la práctica: el oro de inversión.
No todo el oro es fiscalmente igual
Cuando un particular compra oro a una empresa especializada, la fiscalidad depende del tipo de pieza adquirida. Si se trata de joyas u otros metales preciosos que no cumplen los requisitos legales, la operación está sujeta a IVA al 21 %, un coste que se suma al precio y lastra la rentabilidad futura.
En cambio, si la compra se realiza en forma de oro de inversión, la operación queda exenta de IVA. Ese ahorro inicial puede marcar la diferencia cuando, años después, se decide vender.
La ley considera oro de inversión, entre otros supuestos:
Lingotes o láminas de alta pureza (igual o superior a 995 milésimas) y en pesos normalizados.
Monedas de oro acuñadas después de 1800, con una pureza mínima del 900 ‰, que hayan sido moneda de curso legal y cuyo precio no se dispare frente al valor del oro que contienen. La Unión Europea publica cada año la lista oficial de monedas que cumplen estos requisitos.
Compras entre particulares: otro impuesto entra en juego
El escenario cambia si el vendedor no es una empresa, sino otro particular. En ese caso, no hay IVA, pero el comprador debe liquidar el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales (ITP), que suele situarse alrededor del 4 %, aunque varía según la comunidad autónoma.
Aquí da igual que el oro sea o no de inversión: el impuesto aplicable será el ITP.
La venta también tiene consecuencias fiscales
Cuando llega el momento de vender, el beneficio obtenido tributa en el IRPF como ganancia patrimonial, dentro de la base del ahorro. Y aquí vuelve a notarse la diferencia: quien pagó IVA al comprar parte con desventaja frente a quien adquirió oro de inversión exento.
Por eso es fundamental conservar toda la documentación de la compra, ya que el precio de adquisición será clave para calcular correctamente la ganancia y evitar problemas con Hacienda.
Ojo al Impuesto sobre el Patrimonio
El oro tampoco queda al margen de los impuestos patrimoniales. Lingotes, monedas o joyas deben declararse por su valor de mercado a 31 de diciembre en el Impuesto sobre el Patrimonio o en el Impuesto sobre las Grandes Fortunas, si el contribuyente está obligado a presentarlos.
Una conclusión clara
Invertir en oro puede ser una estrategia razonable, pero la fiscalidad importa tanto como el precio del metal. Elegir oro de inversión cuando se compra a una empresa permite evitar el IVA y maximizar la rentabilidad a largo plazo. Un detalle que, lejos de ser menor, puede traducirse en miles de euros de diferencia.
En tiempos de refugios seguros, conviene recordar que también el oro tiene letra pequeña.
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